Trombosis Venosa Profunda y Embolia Pulmonar: ¿Cómo prevenir los coágulos y reconocer las señales de alarma?
Cada 13 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Trombosis, una fecha que busca generar conciencia sobre los coágulos sanguíneos, sus factores de riesgo y la importancia de prevenir complicaciones que pueden poner en peligro la vida. Esta jornada también invita a reconocer los síntomas de alerta y a comprender por qué la prevención y el diagnóstico oportuno son fundamentales para proteger la salud.
La trombosis venosa profunda (TVP) ocurre cuando se forma un coágulo de sangre en una vena profunda, con mayor frecuencia en las piernas. El problema puede agravarse si una parte del coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones, donde puede obstruir una arteria y provocar una embolia pulmonar. Ambas condiciones forman parte del tromboembolismo venoso y requieren atención médica oportuna.
Aunque la trombosis puede afectar a personas de diferentes edades, existen circunstancias que aumentan el riesgo, como una cirugía reciente, la inmovilidad prolongada, ciertas enfermedades, el embarazo y el posparto. Reconocer estos factores, adoptar medidas preventivas y saber identificar los síntomas son pasos fundamentales para reducir las complicaciones.
¿Qué es la trombosis venosa profunda y cómo se relaciona con la embolia pulmonar?
La trombosis venosa profunda se produce cuando un coágulo bloquea parcial o totalmente el flujo sanguíneo dentro de una vena profunda. Suele aparecer en las piernas, aunque también puede afectar otras zonas del cuerpo.
En algunos casos, una parte del coágulo puede desprenderse y desplazarse por la circulación hasta los pulmones. Cuando obstruye una arteria pulmonar, se produce una embolia pulmonar, una complicación potencialmente mortal que necesita atención de urgencia.
Es importante saber que una trombosis puede presentarse sin síntomas evidentes y que una embolia pulmonar puede aparecer incluso cuando no se han reconocido previamente señales de trombosis en las piernas. Por eso, conocer los factores de riesgo y actuar ante síntomas sospechosos resulta esencial.
¿Quiénes tienen mayor riesgo de desarrollar una trombosis?
La trombosis no afecta exclusivamente a personas mayores ni a quienes tienen una enfermedad cardiovascular conocida. Puede aparecer en distintas etapas de la vida, especialmente cuando se combinan varios factores de riesgo.
Entre las situaciones que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar un coágulo se encuentran:
- Cirugías y hospitalizaciones: después de una operación, una lesión o una estancia hospitalaria, la movilidad puede disminuir y aumentar el riesgo de formación de coágulos.
- Inmovilidad prolongada: permanecer sentado o acostado durante mucho tiempo, especialmente sin mover las piernas, puede dificultar el retorno de la sangre al corazón.
- Antecedentes de trombosis: las personas que ya han tenido un episodio pueden presentar mayor riesgo de recurrencia.
- Cáncer y determinadas enfermedades crónicas: algunas condiciones pueden favorecer la coagulación sanguínea y elevar el riesgo.
- Embarazo y posparto: los cambios hormonales y circulatorios aumentan el riesgo durante el embarazo y después del nacimiento.
- Uso de algunos tratamientos hormonales: los anticonceptivos con estrógenos y ciertas terapias hormonales pueden aumentar el riesgo en algunas personas.
- Edad, obesidad y antecedentes familiares: estos factores pueden contribuir al riesgo, especialmente cuando coinciden con otros.
Tener uno de estos factores no significa que necesariamente se desarrollará una trombosis. La valoración médica permite determinar el riesgo individual y establecer las medidas preventivas apropiadas.
¿Cómo prevenir la trombosis venosa profunda y la embolia pulmonar?
La prevención depende de las condiciones de cada persona. Algunas medidas pueden incorporarse a la rutina diaria, mientras que otras requieren una evaluación médica, especialmente antes de una cirugía, durante una hospitalización o en personas con antecedentes de coágulos.
1. Evitar permanecer inmóvil durante demasiado tiempo
Si trabajas sentado, realizas trayectos largos o pasas muchas horas en una misma posición, procura mover las piernas con frecuencia y hacer pausas para caminar. Durante viajes prolongados, se recomienda levantarse y caminar aproximadamente cada una o dos horas cuando sea posible.
Si no puedes levantarte, flexiona y extiende los tobillos, eleva los talones y contrae los músculos de las pantorrillas mientras permaneces sentado. Estos movimientos ayudan a favorecer la circulación.
2. Recuperar la movilidad después de una cirugía o enfermedad
Después de una intervención quirúrgica, una hospitalización o un periodo de reposo, es importante seguir las indicaciones del equipo médico sobre cuándo y cómo comenzar a caminar. La movilización temprana, cuando es segura, forma parte de las estrategias para reducir el riesgo de trombosis.
Si tienes una operación programada, pregunta al especialista si necesitas medidas preventivas adicionales según tu estado de salud y tus antecedentes.
3. Consultar si necesitas medicamentos preventivos
Algunas personas con riesgo elevado pueden necesitar anticoagulantes para prevenir la formación de coágulos. En determinados casos, también pueden indicarse medias de compresión graduada o dispositivos de compresión mecánica.
Estas medidas no son necesarias para todo el mundo. Los anticoagulantes pueden causar sangrado y deben utilizarse únicamente bajo indicación médica. No tomes aspirina ni anticoagulantes por tu cuenta para prevenir una trombosis.
4. Mantener hábitos saludables
La actividad física regular, el control del peso y evitar periodos prolongados de sedentarismo contribuyen a cuidar la salud circulatoria. Si tienes enfermedades crónicas, sigue el tratamiento recomendado y consulta cómo pueden influir en tu riesgo de trombosis.
5. Prestar especial atención al embarazo y al posparto
Durante el embarazo y las semanas posteriores al parto, el riesgo de trombosis aumenta. Es importante informar al equipo de salud si existen antecedentes personales o familiares de coágulos, trombofilias conocidas, inmovilidad u otros factores de riesgo.
El especialista determinará si son necesarias medidas adicionales de prevención. No todos los embarazos requieren anticoagulantes, pero las personas con determinados factores pueden beneficiarse de una valoración individualizada.
¿Cuáles son los síntomas de una trombosis venosa profunda?
La trombosis venosa profunda puede producir síntomas en una pierna o un brazo. Sin embargo, algunas personas no presentan señales evidentes.
Los síntomas que deben motivar una valoración médica pronta incluyen:
- Hinchazón de una pierna o un brazo: especialmente si aparece de forma repentina o afecta principalmente un solo lado.
- Dolor o sensibilidad: puede presentarse en la pantorrilla o el muslo y no siempre tiene una causa clara.
- Aumento de la temperatura de la piel: la zona afectada puede sentirse más caliente que el resto de la extremidad.
- Enrojecimiento o cambio de coloración: la piel puede presentar alteraciones en la zona donde se encuentra el coágulo.
Estos síntomas no confirman por sí solos una trombosis, ya que también pueden aparecer en otras enfermedades. No obstante, requieren valoración médica oportuna, sobre todo si aparecen de forma repentina o coinciden con factores de riesgo. No masajees una extremidad con sospecha de trombosis ni intentes tratarla en casa.
¿Cómo reconocer una embolia pulmonar?
La embolia pulmonar puede causar síntomas repentinos y poner en riesgo la vida. Entre las señales de alarma se encuentran:
- Falta de aire súbita: dificultad para respirar que aparece repentinamente y sin una explicación clara.
- Dolor en el pecho: puede empeorar al respirar profundamente o toser.
- Latidos rápidos o irregulares: pueden acompañarse de malestar o sensación de debilidad.
- Tos con sangre: es un signo que requiere atención médica urgente.
- Mareo intenso o desmayo: pueden indicar una complicación grave.
Si presentas estos síntomas, busca atención de urgencias de inmediato. No esperes a que desaparezcan ni conduzcas por tu cuenta si te encuentras muy mal. Una embolia pulmonar puede presentarse incluso sin síntomas previos en las piernas.
¿Cómo se diagnostica la trombosis?
El diagnóstico requiere una evaluación médica. El especialista considera los síntomas, los antecedentes y los factores de riesgo para determinar qué estudios son necesarios.
Según el caso, pueden solicitarse una ecografía Doppler o dúplex venosa para buscar coágulos en las venas, análisis de sangre como el dímero D y estudios de imagen para investigar una posible embolia pulmonar.
Ninguna prueba debe interpretarse de manera aislada. La elección de los estudios depende de la probabilidad clínica y de las características de cada paciente. Si existe sospecha de embolia pulmonar, la valoración debe ser urgente.
¿Qué especialista puede evaluar el riesgo de trombosis?
La prevención y el tratamiento pueden involucrar a diferentes profesionales, según el contexto clínico. Un médico de atención primaria o de medicina interna puede evaluar los factores de riesgo y orientar los siguientes pasos. En situaciones específicas, pueden participar especialistas en medicina vascular, angiología, cirugía vascular, hematología, cardiología o medicina de urgencias.
En pacientes hospitalizados o que van a someterse a una cirugía, el equipo tratante debe valorar el riesgo de trombosis y sangrado para decidir qué medidas preventivas son apropiadas.
Si has tenido una trombosis previamente, tienes antecedentes familiares relevantes, estás embarazada o en posparto, vas a someterte a una cirugía o necesitas permanecer inmóvil durante un periodo prolongado, consulta con tu médico sobre tu riesgo individual.
Día Mundial de la Trombosis: prevenir también significa reconocer las señales de alarma
El Día Mundial de la Trombosis, que se conmemora cada 13 de octubre, recuerda que los coágulos sanguíneos pueden tener consecuencias graves, pero que la prevención, la identificación temprana de los síntomas y la atención oportuna pueden marcar una diferencia.
No todas las trombosis pueden evitarse, pero conocer los factores de riesgo, moverse con regularidad cuando sea posible, seguir las indicaciones médicas antes y después de una cirugía y reconocer los signos de alarma ayuda a reducir complicaciones.
Ante una hinchazón o dolor inexplicable en una extremidad, busca valoración médica pronta. Si aparece dificultad respiratoria repentina, dolor torácico o desmayo, acude a urgencias de inmediato.

