Toxina botulínica para el tratamiento de cefaleas y migrañas

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La migraña es un trastorno incapacitante en términos de dolor y pérdida de calidad de vida. Quienes lo padecen lo describen como una pesadilla, dificultando gravemente su rutina diaria con la aparición de náuseas, falta de apetito, ceguera temporal, visión borrosa o dolor ocular, junto al intenso dolor de cabeza.

cefaleaEl manejo habitual de esta patología incluye una correcta exploración e historia clínica, además de una terapia farmacológica tanto para la fase de dolor agudo como en ocasiones, de manera preventiva, para disminuir la frecuencia e intensidad de los ataques.

 

Casos graves de cefaleas o migrañas

En ocasiones los pacientes no consiguen alivio del dolor con la terapia farmacológica o ésta es insuficiente. Por otra parte, la medicación puede no ser apta para algunos casos por intolerancia o contraindicación debido a enfermedades concomitantes, es decir, que surja una segunda patología. En estos pacientes es frecuente que abandonen el tratamiento farmacológico por los efectos secundarios que produce.

En los casos severos o refractarios, así como en los que no es razonable emplear medicación oral durante periodos de tiempo largos, es donde se puede emplear la toxina botulínica.

 

Tratamiento con toxina botulínica

El empleo de toxina botulínica para el tratamiento de cefaleas y migrañas está avalado por ensayos clínicos que condujeron a la aprobación de la técnica por la Food and Drug Administracion (FDA), siempre que ésta sea realizada por personal especializado. El estudio Phase III Research Evaluating Migraine Profilaxis Therapy (PREEMPT), publicado en 2014, avala la seguridad del tratamiento y protocoliza la técnica y periodicidad de administración.

Como en todos los casos, se comienza por una correcta selección del paciente para adecuarse al protocolo. La pauta de administración está claramente definida en el estudio, aunque en manos de un especialista adecuadamente formado, se pueden realizar variaciones en las dosis y puntos de inyección para adecuarlas al paciente.

 

Toxina botulínica: procedimiento y resultados

El proceso de infiltración de la toxina botulínica en la Unidad del Dolor dura unos 15 minutos y se realiza de forma ambulatoria. Lo más habitual es emplear 155 UI de toxina botulínica administradas en 31 puntos predeterminados que coinciden con las terminaciones nerviosas del trigémino, con un total de cuatro sesiones separadas por al menos tres meses entre sí. Está admitido, siempre bajo indicación clínica, emplear dosis menores (100 UI en 20 puntos) si el criterio del especialista lo encuentra adecuado. Cabe destacar que siempre debe adecuarse el tratamiento al paciente para individualizarlo en la medida de lo posible.

Los resultados son notables, apareciendo una mejoría significativa de la enfermedad en cuanto a disminución de la intensidad, frecuencia y duración de los ataques de migraña. Además, mejora sensiblemente la funcionalidad y calidad de vida.

Los efectos secundarios son poco importantes, siendo el más frecuente dolor de cuello. Se pueden producir otros efectos como pérdida de fuerza en el párpado, cierta debilidad muscular, etc, pero son menos frecuentes y de poca duración.

La toxina botulínica es la primera intervención aprobada que ha demostrado producir una mejora significativa de la enfermedad. A pesar de no ser una cura, representa un avance importante en el tratamiento de esta enfermedad.

 Redacción de Topdoctors

Por Redacción de Topdoctors


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