Tendinitis de Aquiles: Cómo prevenirla y tratarla de forma efectiva
La Tendinitis de Aquiles es una de las afecciones musculoesqueléticas más comunes entre personas activas y deportistas, aunque también puede afectar a individuos con estilos de vida sedentarios y adultos mayores.
Este trastorno, que implica la inflamación o degeneración del tendón de Aquiles —el más fuerte del cuerpo humano—, puede interferir gravemente con la movilidad y la calidad de vida si no se maneja de forma adecuada.
Actualmente, el creciente interés por el deporte y el ejercicio físico ha elevado la incidencia de esta afección, especialmente en corredores, futbolistas y personas que practican caminatas prolongadas o suben escaleras frecuentemente, causar dolor, rigidez y dificultad para caminar o correr.
¿Qué es la Tendinitis de Aquiles?
El Tendón de Aquiles conecta los músculos de la pantorrilla (gastrocnemio y sóleo) con el hueso del talón (calcáneo). Su función principal es permitir la flexión plantar del pie, indispensable para actividades como caminar, correr y saltar.
La Tendinitis de Aquiles es una inflamación del tendón que puede clasificarse en:
- Tendinitis no insercional: afecta la parte media del tendón, común en personas activas
- Tendinitis insercional: afecta la unión del tendón con el hueso, más común en adultos mayores o personas con sobrepeso
Causas y factores de riesgo de la Tendinitis de Aquiles
La Tendinitis de Aquiles puede deberse a diversos factores, que suelen combinarse. Entre los principales destacan:
Sobrecarga o uso excesivo
La causa más común es la sobrecarga repetitiva del tendón, especialmente en actividades como correr, saltar o realizar entrenamientos sin calentamiento previo. Esto genera microlesiones que, si no se tratan, provocan inflamación y degeneración del tendón.
Cambios repentinos en la actividad física
Aumentar de forma brusca la intensidad, frecuencia o duración del ejercicio físico puede afectar la integridad del tendón.
Biomecánica inadecuada
Factores como pies planos, arcos elevados, mala alineación postural o uso de calzado inadecuado afectan la biomecánica del paso y pueden sobrecargar el tendón de Aquiles.
Edad y degeneración
A partir de los 30 años, el tendón pierde elasticidad y vascularización, aumentando el riesgo de tendinopatías, sobre todo en personas que no realizan estiramientos adecuados o llevan un estilo de vida sedentario.
Enfermedades subyacentes
Enfermedades como la Artritis Reumatoide, la Gota y algunas Dislipidemias (niveles elevados de colesterol) pueden favorecer la inflamación crónica del tendón.
Síntomas de la Tendinitis de Aquiles: ¿Cómo identificarla a tiempo?
La Tendinitis de Aquiles se manifiesta con síntomas que pueden variar en intensidad. Los más comunes son:
- Dolor en la parte posterior del tobillo, especialmente al caminar, subir escaleras o al correr
- Rigidez matutina en el talón o al inicio de la actividad física
- Sensibilidad al tacto en la zona del tendón
- Inflamación local o engrosamiento del tendón
- Ruidos de fricción o crepitación al mover el tobillo
- Dificultad para mantenerse de puntillas
Es importante acudir a un especialista en Ortopedia o Medicina Deportiva ante estos síntomas, ya que un tratamiento tardío puede derivar en ruptura parcial o total del tendón.
¿Cómo se realiza el diagnóstico de la tendinitis de Aquiles?
El diagnóstico se basa principalmente en la evaluación clínica por parte de un Ortopedista o un Cirujano de Pie y Tobillo. Durante este procedimiento se evalúa la localización del dolor, la movilidad, la fuerza muscular y signos clínicos asociados.
En caso de ser necesario, se pueden realizar otras pruebas, como:
- Ecografía musculoesquelética: es una técnica accesible y eficaz para evaluar el engrosamiento, inflamación y posible degeneración del tendón
- Resonancia Magnética (RM): se indica en casos de sospecha de desgarros, para valorar la extensión del daño tendinoso y planificar tratamientos quirúrgicos si fuera necesario.
- Radiografías: para descartar calcificaciones o espolones óseos
¿Cuál es el tratamiento para la Tendinitis de Aquiles?
El tratamiento depende de la fase y severidad de la lesión. Los enfoques más utilizados incluyen:
Tratamiento conservador (fase aguda y subaguda)
Ideal para la mayoría de los casos agudos, consiste en:
- Reposo y modificación de actividades: evitar ejercicios de alto impacto, especialmente correr o saltar
- Aplicación de hielo: durante los primeros días, ayuda a reducir la inflamación y el dolor.
- Medicamentos antiinflamatorios: se usan AINEs (ibuprofeno, naproxeno) para aliviar el dolor y controlar la inflamación
- Fisioterapia: es fundamental e incluye técnicas como ejercicios excéntricos del tendón (Alfredson Protocol), estiramientos suaves de la pantorrilla, terapias manuales y ultrasonido, en algunos casos, ondas de choque extracorpóreas (Shockwave)
- Ortesis y calzado adecuado: uso de plantillas ortopédicas, elevadores de talón o calzado con buena amortiguación
Tratamiento farmacológico
En casos de dolor persistente, se pueden utilizar:
- Infiltraciones con corticosteroides (con precaución, por riesgo de debilitamiento del tendón y aumentar el riesgo de ruptura)
- Terapias biológicas como Plasma Rico en Plaquetas (PRP), para regenerar tejido tendinoso dañado mediante factores de crecimiento autólogos
Tratamiento quirúrgico
Se reserva para casos crónicos, degenerativos o con desgarros parciales o totales. Las técnicas más comunes incluyen:
- Desbridamiento quirúrgico del tejido degenerado
- Reparación o reconstrucción del tendón
- Rehabilitación postoperatoria intensiva (3 a 6 meses)
- Tenotomía (liberación quirúrgica del tendón)
- Transferencias tendinosas (cuando hay daño estructural severo)
Recuperación y rehabilitación: ¿Cuánto dura y cómo es el proceso?
El proceso de recuperación varía según la gravedad de la tendinitis y el tipo de tratamiento aplicado.
- En casos leves a moderados, la mejoría suele observarse en 6 a 8 semanas con tratamiento conservador.
- Tras cirugía, el tiempo de recuperación puede extenderse hasta 4 a 6 meses, incluyendo inmovilización inicial, fisioterapia progresiva y retorno gradual a la actividad física.
Es esencial seguir un plan de rehabilitación personalizado, supervisado por fisioterapeutas especializados en lesiones deportivas.
Posibles riesgos y complicaciones
Si no se trata adecuadamente, la Tendinitis de Aquiles puede generar complicaciones como:
- Tendinosis crónica (degeneración sin inflamación)
- Calcificaciones tendinosas
- Ruptura completa del tendón, que requiere cirugía inmediata
- Disminución permanente de la funcionalidad del tobillo para caminar o hacer deporte
- Afectación de la calidad de vida
El tratamiento temprano y supervisado reduce significativamente estos riesgos.
¿Cómo se puede prevenir la Tendinitis de Aquiles?
La prevención es clave, especialmente en deportistas y personas activas. Algunas recomendaciones incluyen:
- Realizar calentamiento y estiramiento adecuados antes y después del ejercicio.
- Aumentar progresivamente la intensidad del entrenamiento.
- Usar calzado adecuado, con buen soporte y amortiguación.
- Fortalecer los músculos de la pantorrilla y el tobillo.
- Evitar superficies duras o irregulares al correr.
- Consultar periódicamente con un especialista en medicina deportiva o fisioterapia preventiva.
La Tendinitis de Aquiles es una lesión frecuente pero prevenible, cuyo diagnóstico y tratamiento oportuno pueden marcar la diferencia entre una recuperación rápida y una complicación crónica. Actualmente, existen múltiples opciones terapéuticas accesibles, desde Fisioterapia avanzada hasta procedimientos quirúrgicos especializados, que permiten restaurar la movilidad y calidad de vida del paciente.
Si presentas dolor persistente en el talón o dificultad para caminar, consulta con un Ortopedista especializado en Cirugía de Pie y Tobillo para recibir un diagnóstico preciso y un tratamiento personalizado. Cuidar tus tendones es fundamental para mantener un estilo de vida activo y saludable.