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Vértigo: Por qué ocurre y qué puedes hacer para controlarlo

El Vértigo es una condición que afecta la percepción del equilibrio y la estabilidad del cuerpo, generando una sensación intensa de movimiento, incluso cuando estamos quietos.


Comprender sus causas, manifestaciones y enfoques de tratamiento, tanto desde la medicina convencional como desde las medicinas alternativas, es esencial para quienes buscan controlar este molesto síntoma.


¿Qué es el Vértigo?

Desde la perspectiva de la Medicina Convencional, el Vértigo se define como una sensación de que el entorno o uno mismo está girando o moviéndose. No se trata simplemente de un mareo común, sino de una percepción alterada del movimiento, que puede resultar muy incapacitante.


Por otro lado, las Medicinas Alternativas amplían esta definición: además de la sensación de giro, consideran el Vértigo como una combinación de embotamiento mental, inestabilidad corporal y percepción de que el piso es inestable o "blando" al caminar.


Principales síntomas del Vértigo

Los síntomas más comunes del Vértigo incluyen:


Es importante destacar que, aunque muchas personas usan "mareo" y "Vértigo" como sinónimos, en términos médicos no son exactamente lo mismo. El Vértigo implica movimiento ilusorio (todo gira), mientras que el mareo suele referirse a una sensación de debilidad, embotamiento o pérdida de estabilidad sin rotación.


Causas del Vértigo, según la medicina convencional

La medicina convencional identifica diversas causas de Vértigo, entre ellas:

  • Trastornos de la circulación en el oído interno, afectando el equilibrio
  • Inflamación del nervio auditivo, conocida como neuritis vestibular
  • Compresión del nervio auditivo por tumores, como la neurinoma del acústico
  • Síndromes convulsivos que alteran la percepción del equilibrio


Dependiendo de la causa subyacente, el Vértigo puede ser tratado por especialistas como Otorrinolaringólogos o Neurólogos.


Interpretación del Vértigo en las medicinas alternativas

Desde el enfoque de las Medicinas Alternativas, el Vértigo se relaciona con alteraciones energéticas en órganos específicos:

  • Hígado: su desbalance puede generar síntomas de giro, inestabilidad y sensación de embotamiento
  • Riñón: una disminución de la energía renal se asocia a mareo e inestabilidad generalizada


Estos enfoques ven al cuerpo como un sistema de flujos energéticos que, al alterarse, producen síntomas físicos perceptibles como el Vértigo.

 

Tratamientos disponibles para el Vértigo

El abordaje del Vértigo puede variar según el enfoque utilizado:


Medicina convencional

Una vez diagnosticada la causa, el tratamiento puede incluir medicamentos para controlar los síntomas, terapia de rehabilitación vestibular y, en algunos casos, cirugía.


Una técnica sencilla que puede realizarse en casa, bajo supervisión médica, es la maniobra de Epley. Este procedimiento consiste en una serie de movimientos lentos y controlados de la cabeza para reposicionar los pequeños cristales en el oído interno, responsables de muchas formas de Vértigo posicional.

 

Medicinas alternativas

Profesionales como Acupunturistas y Homeópatas ofrecen tratamientos basados en la restauración del equilibrio energético del cuerpo. La Acupuntura, por ejemplo, busca regular el flujo de energía en el hígado y el riñón para aliviar los síntomas de Vértigo y mareo.


Recomendaciones generales para el manejo del Vértigo

Algunas de las indicaciones para los pacientes con Vértigo incluyen:

  • Buscar un diagnóstico médico claro para identificar la causa subyacente
  • Seguir las indicaciones del especialista, tanto en tratamientos farmacológicos como en ejercicios específicos
  • Considerar terapias complementarias bajo la guía de profesionales certificados
  • Evitar movimientos bruscos de la cabeza que puedan desencadenar episodios de Vértigo
  • Mantener una hidratación adecuada y evitar el consumo excesivo de sal, alcohol y cafeína, que pueden empeorar los síntomas


El Vértigo puede tener múltiples orígenes y manifestaciones, dependiendo del enfoque médico adoptado. Entender sus causas y opciones de tratamiento, tanto convencionales como alternativas, permite a las personas afectadas tomar un papel activo en su recuperación. Siempre es recomendable acudir a profesionales de la salud para un diagnóstico preciso y para recibir el tratamiento más adecuado a cada caso.