Fistula arteriovenosa, causas y tratamiento

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La fístula arteriovenosa consiste en la unión de una arteria y una vena del propio paciente. Estas fístulas pueden –en condiciones patológicas- originarse de forma espontanea en algunas enfermedades circulatorias o ser consecuencia de traumatismos diversos, pero a este tipo de fístulas no nos referimos en este artículo, pues estas son de naturaleza patológica. 

Las fístulas arteriovenosas que realizamos los Cirujanos Vasculares para los pacientes con Insuficiencia Renal Crónica, son fístulas “terapéuticas”. Son exactamente la unión entre una arteria (en situación profunda) con una vena del sistema venoso superficial, habitualmente en muñecas, antebrazos o brazos. De tal modo, la vena unida quirúrgicamente a la arteria se desarrolla gradualmente y aumenta su calibre en el curso de varias semanas, hasta que tiene un calibre suficiente (aproximadamente 6 mm. de diámetro) como para permitir una diálisis periódica. 

Fístulas en extremidades superiores

La inmensa mayoría de las fístulas de diálisis se practican en los miembros superiores, ya que son mucho más accesibles que las venas de las extremidades inferiores y en general tienen menor tasa de cualquier tipo de complicación. Además los pacientes con insuficiencia renal grave, pueden presentar con el tiempo, también, patología arterial periférica (en las extremidades inferiores) y ello desaconseja la creación de estas fístulas en dichas extremidades, pues podría agravar la isquemia.

 

Alternativas a la creación de una fístula arteriovenosa

La principal alternativa es la colocación de un catéter permanente de diálisis a través de una vena central, habitualmente la yugular interna en la base del cuello, o la vena subclavia. Sin embargo, el principal inconveniente del implante de los catéteres centrales es el potencial riesgo de infección, teniendo en cuenta que los mismos van de forma “interna” hasta las inmediaciones de la aurícula derecha. Por tanto siempre que se pueda contar con un acceso vascular de tipo fístula arteriovenosa, es preferible al catéter de diálisis, aunque hay numerosas excepciones a esta regla que como tantos aspectos en Medicina, requieren de una valoración extensa por parte del Nefrólogo y el Cirujano Vascular.

En otras ocasiones la fístula no puede practicarse con venas del propio paciente al ser estas de insuficiente calidad, y la principal alternativa quirúrgica en este caso es un bypass con prótesis, uniendo así directamente el sistema venoso con la arteria.

 

Tratamiento de la fístula arteriovenosa para evitar su obstrucción

En efecto, el especialista en Angiología y Cirugía Vascular junto con el especialista en Nefrología valoran cada caso para ofrecer lo más adecuado al paciente cuyo acceso vascular no funciona correctamente. A veces de forma primaria la fístula no madura correctamente o bien con el paso del tiempo crea zonas de estenosis (“estrechamientos” de las venas tras las punciones repetidas). Si se detecta, con técnicas de cirugía endovascular pueden resolverse en muchas ocasiones estos problemas, mediante dilatación prolongada de estas zonas de estenosis con balones de angioplastia, como en la imagen. 

Fistulografía donde se aprecia una estenosis por hiperplasia en una fístula arteriovenosa para diálisis, tratada exitosamente con una angioplastia percutánea.

 

 Redacción de Topdoctors

Por Redacción de Topdoctors


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